Una ruta clásica para todos los ciclomontañistas residentes en la capital es la ruta Nemocón – Suesca. A una hora y 10 minutos aproximadamente de Bogotá, saliendo por la autopista norte para luego tomar la ruta Chía – Zipaquirá – Nemocón. Lo normal sería irse por Barandillas pero es mejor tomar la vía que nos lleva a Ubaté y después de la entrada al Neusa girar en la segunda salida a la derecha hacia Nemocón antes del peaje.

Una vez en Nemocón, podremos dejar los carros en la plaza o en el paqueadero de la piscina municipal, una cuadra arriba de la plaza. Allí un señor llamado Luis los atenderá y les cobrará 5.000 pesos el día de parqueo. Para encontrar espacio es mejor llegar temprano tipo 7:30 am, luego es complicado los fines de semana, sobre todo los domingos.

Nemocón es una región conocida por su mina de sal abierta al público y el desierto de la Tatacoita principalmente. Su nombre significa en muisca según unos: “Lamento o rugido del guerrero”, para otros: “Apoyo del Oso”. Una región de contrastes dentro de la sabana con valles, montañas y desiertos digna de conocer, disfrutar Y CUIDAR.

Desde Nemocón salimos hacia el sur para tomar la vía, pavimentada en su mayoría, que nos llevará a Suesca luego hacia el noreste. Al principio calentamos en un ascenso de 2,3 km más o menos. En el km 4,5, después de una bonita bajada conectamos con una vía que viene de la vereda Astorga. Desde allí termina el descenso y entramos en una vía relativamente plana, más ancha, con algunos tramos sin pavimentar y con algún tráfico de camiones. Pasamos por las veredas El Descanso y Las Vegas en un paisaje sabanero típico, rodeado de sembrados de papa, fincas privadas y enormes viveros.

En el km 11 cruzaremos el río Bogotá y unos metros después giraremos a la izquierda para tomar la vía que conduce desde la autopista norte hasta Suesca. Unos 4 o 5 km después estaremos entrando al pueblo de Suesca, conocido por sus farallones perfectos para la escalada. En la entrada al pueblo por donde se ingresa hacia las piedras, encontraremos el restaurante de Doña María, un sencillo y agradable lugar donde se puede descansar un rato y comer algún refrigerio o incluso almorzar a un muy buen precio.

Pasaremos por el pueblo de Suesca hacia el norte recorriendo la principal 4A, que es la misma calle por donde entramos. Desde el pueblo comenzamos un ascenso de unos 4,5 km que en la base nos hará pasar un antiguo túnel de la vía ferroviaria que comunicaba a Bogotá con el norte de Cundinamarca en la última mitad del siglo XIX y la primera del siglo XX.

La cima de este ascenso nos recompensará con una privilegiada vista sobre el Valle que va desde Suesca hasta Sesquilé, mostrándonos en algunos puntos al fondo, el embalse de Tominé.
Al culminar la subida llegaremos a una pequeña quebrada. Este último tramo es vía sin pavimentar y en los últimos kilómetros se pone un poco más técnica, con pasos perfectos para entrenar en subidas con piedras grandes y pendientes exigentes. Desde la quebrada giraremos a la izquierda para retomar la vía ferroviaria en un single-track a veces pedaleable a veces caminable pero que vale la pena recorrer.

A mitad de este camino encontraremos un par de puentes del ferrocarril que bordearemos por un camino que hay a la derecha. No dejen que las ganas de tomarse fotos en el puente les hagan olvidar que es una estructura de considerable altura y sin mantenimiento desde hace ya unos buenos años.

Desde el km 29 entraremos en un descenso por caminos de tierra que nos llevará de nuevo al Pueblo de Nemocón. La mayor parte de este tramo se puede hacer por las vías del tren pero unos 2 km antes de llegar a Nemocón es mejor salirse a la vía sin pavimentar paralela.
De regreso en Nemocón les recomendamos los jugos que venden debajo del restaurante Venado de Oro en el costado occidental de la plaza del Obelisco al lado derecho de la notaría.

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