EL CAMPIONISSIMO FAUSTO COPPI

La ansiedad se dibuja en el rostro del ciclista italiano Fausto Coppy (1919– 1960). Ya no hay vuelta atrás. Los competidores se aprestan a emprender una de las clásicas que El Campionissimo recordaría como la más penosa de su colosal carrera deportiva: la doble a La Pintada. Salida y llegada en Medellín, después de recorrer 160 kilómetros.

El reloj del comisario señala las diez y media de la mañana del 25 de enero de 1958. Una marabunta se arracima alrededor de los ciclistas. Buscando quizá un giño de aliento, Coppi le dirige una mirada al suizo Hugo Koblet, su compinche de aventura, pero este se limita a devolverle una sonrisa forzada. Koblet rumia su ensimismamiento pensando que, quizá, no debieron haber aceptado el reto de medir sus fuerzas con los corredores colombianos en aquel escenario apocalíptico de aire húmedo, calor insufrible e intrincadas montañas por donde, les habían informado, transcurriría la carrera.

Coppi, que a sus 39 años vivía el ocaso de su prodigiosa carrera deportiva, viajó a Colombia más interesado en establecer futuros negocios para la época de su retiro, que en disputar competencias ciclísticas. Sin embargo, ya en la gira por estas tierras del trópico, había exhibido sus habilidades e inigualable potencia sobre la bicicleta, principalmente en los velódromos de Bogotá y Medellín. Simples fosforescencias de un pasado glorioso. Además de su amigo Koblet, lo acompañan dos de sus antiguos y más queridos gregarios: Luigi Casola y Ettore Milano.

El reto de la doble a la Pintada no se podía eludir. Su envidiable palmarés, a pesar de haber perdido cinco de sus mejores años de juventud en los horrores de la guerra, era su acicate perfecto para aceptar grandes retos. Campeón del mundo en 1953, ganador de los Tours de Francia de 1949 y 1952, pentacampeón del Giro de Italia y de la Vuelta a Lombardía, tres veces vencedor de la Milán- San Remo y, a manera de resumen, triunfador de la Flecha Velona y de La París- Roubaix, ambas en 1950.

La clásica, organizada por el periódico El Colombiano, parte de Medellín a las 10:45 a.m. La vista de un sol fulgurante que proyecta sus rayos sobre los ciclistas y sobre la multitud que los flanquea en ambos lados de la vía hace presagiar un calor infame en la Pintada. El pelotón, compacto y sin mayores contratiempos, después de cruzar el valle de Aburrá, llega al pueblito de Caldas, a 22 kilómetros al sur de Medellín. Aquí, cuando ya se insinúa el ascenso de 9 kilómetros al Alto de Minas, pincha su rueda trasera El Indomable Zipa Efraín Forero Triviño, y a perseguir. Poco más adelante, Luigi Casola corre con la misma suerte, y a perseguir. La carretera está sembrada de baches. El pelotón se torna nervioso.

Ramón Hoyos Vallejo, el ciclista más destacado de los colombianos por aquellas calendas, inicia la cuesta a un ritmo frenético. Coppi, mondo y lirondo, marcha a su lado. El talentoso joven Hernán Medina Calderón se pega a la rueda de ambos colosos. Koblet se mantiene a tiro de piedra. El grupo de pedalistas se disemina
en mil pedazos.

El trio de punta corona el Alto de Minas e inicia el largo descenso hacia la Pintada, caserío de pescadores asentado en las márgenes del río Cauca. Son 44 kilómetros de carretera destapada donde los europeos deslumbran por su pericia, arriesgando en las cerradas curvas por una vía sinuosa con piso de grava y tierra. Es una exhibición magistral la de los europeos. Koblet, maniobrando su bici con sinigual pericia, llega el primero a la Pintada. Toma 45 segundos de ventaja sobre Hoyos y Coppi.

En la hora de descanso antes de iniciar el regreso a Medellín, los competidores se hidratan con jugo de papaya, comen pescado fresco y rematan con mazamorra acompañada de trocitos de panela. Alimentos livianos que los preparan para emprender la abrupta subida hacia el Alto de Minas. Desde la Pintada, esta cumbre ha fungido como el juez más severo al momento de definir el campeón de las diferentes versiones de la afamada Vuelta a Colombia en bicicleta. Son 44 kilómetros de ascenso, que se inicia bajo una temperatura cercana los 40 Co, a la sombra de los árboles de matarratón.

Conservando las ventajas obtenidas en la primera parte del recorrido, se va dando la largada a los ciclistas. Hugo Koblet es el primero en salir. Luego, reinicia la competencia la pareja de Hoyos y Coppi. Y Medina y el Indomable Zipa y Casola y Milano. Pocos segundos los separan.

Tal vez motivado por unos tramos de baja pendiente, casi llanos, que marcan el inicio de la cuesta, Koblet ataca y aumenta su ventaja a un minuto. Craso error. 20 kilómetros más adelante, en el sector de La Quiebra, se baja de su bicicleta. Había llegado al límite de sus posibilidades. Luigi Casola, no llega tan lejos. La insolación lo obliga a refugiarse en uno de los vehículos de la caravana, apenas se insinúa el ascenso. Hoyos y Medina se animan con el viacrucis de los europeos, y apuran la marcha. Coppi cede terreno con la dupla de punta: cincuenta metros, doscientos metros, quinientos metros, un kilómetro. Las largas piernas del transalpino ralentizan la cadencia. Entre el sector de La Quiebra y el pueblo de Santa Bárbara, se empina aún más la cuesta. El calor no da tregua. Hasta que sucede lo impensable: Fausto Coppi se tambalea sobre su bicicleta, se desgonza y cae sobre la polvorienta carretera. El rostro pálido, los ojos desvaídos, los labios dibujando una mueca de misericordia.

El resto de la carrera se define entre los antioqueños Ramon Hoyos y Hernán Medina. Ambos destinados a engrosar el registro histórico de los colosos del ciclismo colombiano. En el descenso hacia Medellín, Hoyos, más experimentado que el novato Medina, se aleja en solitario y cruza la meta en el estadio Atanasio Girardot con una ventaja de 3’:45”. La multitud espera impaciente la llegada a la meta de los europeos. El atardecer anaranjado se va perdiendo tras la cordillera. Entran los últimos ciclistas a la pista atlética del estadio. Tras ellos, la noticia: todos los corredores europeos abandonaron la carrera. Sucumbieron ante el empuje de los colombianos en la empinada cuesta hacia el Alto de Minas.

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